En el contexto de ISO 9001:2026, podemos entender las acciones culturales relacionadas con “promover” más o menos así:
Acciones culturales: son el conjunto de acciones pensadas, ordenadas y sostenidas con las que la Alta Dirección y la organización empujan, refuerzan y bajan a comportamientos visibles los valores, actitudes, prácticas y formas de actuar que quieren desarrollar como parte de una cultura de calidad y comportamiento ético.
La idea clave es esta: promover es la intención de liderazgo; la acción cultural es la forma concreta de aterrizar esa intención.
Por ejemplo, para 5.1.1 i), “promover una cultura de la calidad y el comportamiento ético”, podrían plantearse acciones culturales como estas:
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Acción cultural |
¿Qué busca provocar? |
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Comunicar y ejemplificar valores de calidad |
Que los valores sean conocidos y observables |
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Reconocer comportamientos orientados a la calidad |
Reforzar conductas deseadas |
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Analizar decisiones reales desde criterios de calidad y ética |
Integrar la cultura en la toma de decisiones |
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Incorporar calidad y ética en reuniones y revisión de resultados |
Convertirlas en temas habituales de gestión |
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Dar participación a las personas en problemas de calidad |
Generar compromiso y corresponsabilidad |
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Tratar los errores como oportunidades de aprendizaje |
Favorecer transparencia y mejora |
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Reconocer y corregir comportamientos contrarios a la calidad |
Establecer límites culturales |
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Los líderes actúan como modelos de conducta |
Hacer congruente el discurso con la práctica |
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Incorporar comportamientos culturales en formación y onboarding |
Reproducir la cultura en el tiempo |
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Evaluar periódicamente comportamientos y prácticas |
Determinar si las acciones están produciendo efectos |
Una acción cultural aislada no prueba por sí sola que ya exista una cultura. Una campaña, una capacitación, un mensaje de la Dirección o un programa de reconocimiento pueden ser acciones para promover cultura.
La cultura empieza a notarse cuando ciertos valores y comportamientos se repiten, se refuerzan y se vuelven patrones más o menos estables en la forma de trabajar.
Visto desde una perspectiva sistémica, podríamos verlo así:
Promover → Acciones culturales → Comportamientos repetidos → Patrones de conducta → Valores compartidos → Cultura emergente → Evaluación → Mejora
Por eso, si queremos hablar de una verdadera gestión de la cultura de la calidad, el ciclo tendría que ir más allá de solo “promover”:
Diagnosticar → definir cultura deseada → identificar brechas → planificar acciones culturales → ejecutar → observar comportamientos → medir/evaluar → aprender → ajustar → repetir.
Desde la TGS, la cultura no es simplemente algo que la organización “tiene” o que la Dirección “declara”; más bien es una propiedad emergente del sistema, que se va formando y reforzando por la interacción repetida entre decisiones, procesos, liderazgo, incentivos, comportamientos y resultados.
En una frase:
Promover es darle empuje a la cultura; las acciones culturales son lo que hacemos de manera intencional para que ciertos comportamientos vayan apareciendo, se repitan y, con el tiempo, se vuelvan parte normal del día a día de la organización.
